Mis paseos por el Barrio Gòtico
El domingo me levantè bastante temprano, como para irme a Misa a la Catedral Gòtica. Tomè el tren como me indicò Alejandro. Hasta la estaciòn tuve que correr porque no sabìa exactamente cuàntas cuadras eran y si llegarìa al tren de las 11,30 hs, porque l hasta 40 minutos despuès no habrìa otro. Lleguè, e inclusive con 10 minutos de adelante, asì es que me sentè tranquilamente a esperar.
Alejandro me habìa mostrado en el mapa còmo llegar desde la estaciòn a la Catedral caminando. A lo mejor yo entendì mal, pero lo cierto es que me fui para el lado contrario al de la Iglesia. Como vi que me estaba alejando, empecè a preguntar, y me dijeron que estaba lejìsimo. Caminè..., caminè..., y caminè..., hasta que finalmente lleguè. Y ahi me encantò encontrar nuevamente la gente bailando en cìrculo alrededor de sus abrigos apilados en el centro. La mùsica, alegre y cantarina de una orquesta me llegaba a los oìdos y me llenaba el corazòn de alegrìa. Me acordaba cuando Willy y yo lo vimos juntos y cuànto lo habìamos disfrutado.
Esa plaza estaba llena de puestitos que vendìan arreglos navideños, arbolitos verdaderos y artificiales, ademàs de todos los elementos para los pesebres.
La catedral me dio pena no verla tan hermosa como hace tres años, pero la estàn refaccionando con lo cual està toda tapada.
Entrè a la Misa en medio de una multitud. Agradecì a Dios todas las bendiciones que de Èl recibo a diario. Luego caminè por las ramblas, y me divertì sola viendo las estatuas vivientes que al oir una moneda caer en su cajita cambian de posiciòn. Tambièn me reì mucho porque habìa un hombre invisible sentado en un sillòn y cada vez que un niño se acercaba, a dejar una moneda, comenzaba a saludarlo y le daba la mano. La gente se reìa con ganas y aplaudìa.
Hasta el domingo Barcelona me habìa recibido con unos dìas maravillosamente claros, soleados y hasta les dirìa, càlidos, con un cielo azul intenso. Regresè a casa y los chicos me estaban esperando con unas milanesas de pollo con purè de manzanas y purè de calabaza.
Ayer lunes salì a caminar por aquì, por Cornellà, donde vive Alejandro. Por primera vez, desde que estoy acà, sentì frìo. El cielo cubierto de nubes. Mucho viento. Caminè a paso muy activo para entrar en calor. Sentìa frìo sòlo en las orejas.
Cuando lleguè a casa, justo Verònica salìa a comprar un camisòn que le faltaba para llevar al hospital, y la acompañè.
De vuelta en casa, Alejandro que se habìa ido temprano a buscar algunas cosas para el auto y a lavarlo, nos dijo que nos sentàramos porque èl nos harìa el almuerzo.
Nos atendiò como a dos reinas. No nos dejò ni lavar los platos.
Nos puso una pelìcula y luego dijo que nos irìamos a pasear. Pero como el dìa estaba tan destemplado, y Verònica estaba como cansada, decidimos quedarnos en casa calentitos. Verito hizo unos brownies, Alejandro un tè y yo no me podìa mover, porque cada vez que intentaba hacer algo Ale me decìa que estaba de vacaciones y que èl me querìa mimar. Me dejè mimar!! Estoy aprendiendo a recibir todo el cariño de èl y Vero.
Hoy, terminado el desayuno, partimos nuevamente al centro de Barcelona. Como ellos dos me querìan comprar un regalo de Navidad, me fui a caminar por el barrio gòtico. Me quedè como una hora escuchando a un negro (por demàs hermoso) cantar blues. Era un placer. Habìa un mundo de gente admiràndolo. Entre el pùblico habìa una mujer (blanca), que nos hizo divertir a todos. Yo no sè si estarìa loca, pero lo cierto es que se sabìa la letra de todo lo que el negro cantaba. Gesticulaba y bailaba levantando su pierna casi hasta la altura de su cabeza. Luego a todas las mujeres que estàbamos en primera fila escuchando, se nos acercò y nos miraba insistentemente. Serìa lesbiana???... o loca. Yo me reì durante un rato. De pronto desapareciò. Un rato màs tarde volviò a aparecer màs abrigada, y desde lejos me hacìa señas para que yo sonriera, con lo cual me dio una sensaciòn rara (serìa miedo ?? incomodidad?? no sè), y me fui. Media hora màs tarde cuando volvì a pasar, la loca ya no estaba y pude disfrutar de las canciones, y la mùsica tranquila.
Màs tarde, volvimos a encontrarnos (con los chicos), almorzamos y Alejandro nos llevò al Ikea. Es un hipermercado de cosas para la casa. Menos mal que no vivo acà en Barcelona, porque me hubiera comprado TOOOODO. Jacqui, pensaba en tu casa... en el cuarto de Katrine, en mi casa..., en la de Leopoldo y Roxana, en la de Alejandro..., en fin..., creo que todo me venìa bien y sabìa donde ubicarlo en la casa de cada uno.
Despuès volvimos y por supuesto habìamos comprado un montòn de cosas. Alejandro y Vero, compraron (imagìnense) 12 copas de champagne en caja de 6 y cada caja costò 2,50 euros. Lo mismo sucediò con las copas para el vino. Yo estaba sorprendida. Unos muebles..., cortinas, cojines, sàbanas, etc..., etc..., etc... Puffff...todo bellìsimo. Es para volverse loco.
Ya les contarè màs cuando nos veamos.
De vuelta en casa, Alejandro no nos dejò hacer nada. Èl cocinò para nosotras, y lavò los platos mientras nosotras envolvìamos los regalos de Navidad con papeles de colores, que tambièn compramos.
Ahora, me voy a ir a dormir porque ya son casi las 12 y mañana me quiero levantar temprano.
Los abrazo con todo mi corazòn y pido a Dios que los guarde en el lugar màs tierno de su corazòn. Los quiero mucho, Mònica

